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El arco de la moral Parte 1 ─El camino hacia la ciencia de la moral

Updated: Sep 1, 2022



En 1965 el reverendo Dr. Martin Luther King Jr., ganador del premio Nobel y activista social, dirigió una marcha en Selma, Alabama, para exigir justicia y el derecho al voto para los afroamericanos en Estados Unidos. En el discurso histórico que pronunció en esa ocasión usó la metáfora del arco de la moral, diciendo “el arco del universo moral es largo, pero se dobla hacia la justicia”. Cinco meses después el presidente Lyndon B. Johnson firmó la ley de derecho al voto, la cual otorgó el derecho a votar a todos los ciudadanos sin importar el color de su piel. Este suceso junto con otros eventos históricos como la abolición de la esclavitud, la lucha de las mujeres por el derecho a votar, los avances en los derechos de las personas homosexuales, el activismo en contra de la crueldad animal, y muchos más, son ejemplos de progreso moral social. En efecto, el Dr. King tenía razón, a través de las épocas el ser humano ha progresado en todas las áreas incluyendo el campo de la moral. Este progreso ha sido logrado a partir de la evolución del conocimiento humano el cual nos sacó de la oscuridad en la que vivió la humanidad durante la Edad Media, una época donde la aristocracia católica dominó Europa por mil años y solo produjo violencia, irracionalidad y miseria extrema. Al final de la Edad Media se inventó la imprenta, y poco después surgieron el movimiento de la Ilustración y la era de las revoluciones incluyendo la revolución científica. Gracias a las ideas que difundieron los pensadores de la Ilustración se lograron avances importantes en todos los campos de la ciencia y las humanidades. Sin embargo, los cambios importantes creados por el avance científico también crean incertidumbre. Los cambios constantes y la incertidumbre pueden ser algo aterrador para las personas, generan ansiedad, paranoia, pesimismo, teorías de conspiración, catastrofismo y una atmósfera inestable que es terreno fértil para el odio y la división. Una sociedad temerosa y confundida que mira nostálgicamente hacia el pasado para refugiarse de los cambios puede tener como consecuencia un rechazo hacia los hechos y a la ciencia y puede resultar en un grave retroceso social. Es por esto que ha llegado el momento definitivo para que los humanos superemos nuestra adolescencia intelectual antropocéntrica y aprendamos a usar el pensamiento crítico. Debemos atrevernos a saber, y a retar tradiciones e ideologías obsoletas. Es hora de entender que los sistemas éticos y morales pueden y deben estudiarse científicamente aplicando una perspectiva biológica evolutiva. No es necesario ningún código moral dictado por alguna deidad o profeta, los humanos somos capaces de encontrar la mejor manera, objetivamente hablando, de vivir civilizadamente sin importar en que parte del mundo vivamos o las creencias religiosas. Es un principio universal y verdad indudable que todos los seres humanos tenemos derecho a vivir libres de tiranía y represión violenta. Es por esta razón que no debe permitirse a ningún individuo o élite social adquirir el derecho exclusivo para ejercer autoridad moral a discreción, porque sin una moral objetiva basada en principios científicos sólidos, entonces, se puede definir arbitrariamente lo que constituye el bien y el mal, utilizar este poder para violentar minorías, disidentes y establecer dictaduras. Este vacío creado por la ausencia de un sistema moral objetivo crea también una lamentable especie de lotería cósmica donde el premio gordo es para los afortunados que nacen en un país avanzado, libre y democrático y a los más desafortunados les espera nacer en una sociedad retrógrada fundamentalista que puede llegar a ser tan aterradora como lo es la capacidad del ser humano para cometer atrocidades. Si deseamos hacer nuestra parte para reducir el sufrimiento en el mundo, entonces debemos deshacernos de creencias dogmáticas y supersticiones, debemos empezar a construir nuevos paradigmas que nos ayuden a entender exactamente que constituye una moral objetiva. Esta es la única manera efectiva para combatir fuerzas retrógradas del poder ilusivo de facto de élites y líderes corruptos. Esta es la única manera de continuar el progreso iniciado con el movimiento de la Ilustración y de no dejar a la suerte el florecimiento o el deterioro de las futuras generaciones, porque el largo arco de la moral se dobla hacia la justicia, pero no inevitablemente.


A continuación un extracto del libro titulado The Moral Arc




Capítulo 1. Hacia una ciencia de la moral


─Extracto


La metáfora del arco de la moral que históricamente se inclina hacia la justicia conforme pasa el tiempo, simboliza algo que pudiera ser la tendencia más importante y menos apreciada en la historia de la humanidad ─el progreso moral─ y su causa principal es una de las más subestimadas: el racionamiento científico. La moralidad involucra nuestros pensamientos y acciones hacia otros agentes morales en términos del bien y el mal, y con respecto a su sobrevivencia y florecimiento. Por agentes morales quiero decir seres conscientes, y seres conscientes significa que son emotivos, perceptivos, sensitivos, sensibles, y por lo tanto capaces de sentir y sufrir. Nuestras consideraciones morales deberían de basarse no principalmente en lo que piensan los seres conscientes, sino en lo que sienten. La sobrevivencia y el florecimiento de los seres conscientes es el principio fundamental de un sistema moral científico basado en leyes naturales y en la naturaleza humana. Por lo tanto, puedo definir al progreso moral como el mejoramiento de la sobrevivencia y el florecimiento de los seres conscientes. Aquí me refiero específicamente a los individuos. Es el individuo el agente moral primario ─no el grupo, ni la tribu, raza, sexo, nación, imperio, sociedad, ni cualquier otra colectiva ─porque es el individuo el que sobrevive y florece, o el que sufre y muere. Son los seres conscientes individuales los que son capaces de percibir, de sentir emoción, responder, amar, sentir, y sufrir ─no las colectivas. Históricamente, abusos inmorales han proliferado más cuando se sacrifica al individuo por el bien del grupo. Un organismo singular es para la biología y la sociedad lo que el átomo es para la física ─una unidad fundamental de la naturaleza. El primer principio de la sobrevivencia y el florecimiento de los seres conscientes está aterrizado en el hecho biológico de que el organismo singular es el objetivo principal de la selección natural y la evolución social, no así el grupo. Somos una especie social, pero somos sobre todo individuos dentro de grupos sociales, por lo tanto, no debemos ser subyugados por la colectiva. Hacer sacrificios para favorecer al grupo social no es lo mismo que ser sacrificado por el bien del grupo.


La autonomía personal del individuo nos da un criterio mediante el cual podemos juzgar sus actos como buenos o malos: ¿dichos actos contribuyen al aumento o a la disminución de la sobrevivencia y el florecimiento de los seres individuales conscientes? La moral no es arbitraria, relativa, ni completamente atada a la cultura. La moralidad es universal. Todos nacemos con un sentido de la moral, con emociones morales que nos guían en la interacción con otras personas, y que son influenciadas por la cultura local, las costumbres y la crianza. La naturaleza nos otorgó la capacidad de sentir culpa cuando violamos las promesas y las obligaciones sociales, pero la crianza puede contribuir al aumento o disminución de ese sentimiento de culpa. Así que la moral es real, se puede descubrir allá afuera en la naturaleza, y también dentro de nosotros como parte de nuestra naturaleza humana. A partir de estos hechos se puede construir una ciencia de la moral ─los medios para determinar las mejores condiciones que permitan expandir la esfera moral y aumentar el progreso moral a través de las herramientas de la razón y la ciencia.


Entender la naturaleza de las cosas, las causas y los efectos, es el propósito de la ciencia, y desde la revolución científica ha habido un esfuerzo sistemático de pensadores en todos los campos en aplicar los métodos de la ciencia para entender mejor el mundo en el que vivimos y a nosotros mismos, especialmente en el mundo social, político, y económico, con el fin de mejorar a la humanidad. Por lo tanto, el objetivo de una ciencia de la moral debería ser el determinar las mejores condiciones bajo las cuales los humanos, y por extensión otros seres conscientes, prosperan. Para este fin es necesario primero definir el significado de ciencia y razón. La ciencia es un conjunto de métodos que describen e interpretan fenómenos observados o inferidos, pasados o presentes, y está dirigido a probar hipótesis y construir teorías. Con las palabras “conjunto de métodos” se intenta enfatizar que la ciencia es más un procedimiento que un montón de hechos, y por “describir e interpretar” se quiere decir que los hechos no hablan por sí mismos. Con “fenómenos observados o inferidos” se quiere decir que hay algunas cosas en la naturaleza que podemos ver, como los elefantes y las estrellas, y otras cosas que debemos inferir, tales como la evolución de los elefantes y las estrellas. Pasado y presente significa que las herramientas de la ciencia pueden ser usadas para entender no solo fenómenos que ocurren en el presente, sino también en el pasado. (las ciencias históricas incluyen a la cosmología, paleontología, geología, arqueología, y la historia, especialmente la historia humana.) El probar hipótesis quiere decir que para que algo sea verdaderamente sólido, científicamente hablando, debe ser posible ponerlo a prueba, de tal manera que podamos comprobar que es probablemente cierto o falso. Construir teorías quiere decir que el objetivo de la ciencia es explicar el mundo a través de construir explicaciones exhaustivas obtenidas al poner a prueba numerosas hipótesis. Definir el método científico no es fácil. El proceso involucra hacer observaciones y formar hipótesis de ellas, después el hacer predicciones específicas basadas en esas hipótesis, y después hacer observaciones adicionales para poner a pruebas las predicciones y así confirmar, refutar o falsificar las hipótesis iniciales. El proceso es una interacción constante entre hacer observaciones, sacar conclusiones, hacer predicciones, y compararlas con la evidencia. Todos los hechos en la ciencia son provisionales y están sujetos a ser retados y cambiados, por esto la ciencia es un método de descubrimiento que lleva a conclusiones provisionales.


La razón es la capacidad cognitiva para establecer y verificar hechos a través de la aplicación de la lógica. La racionalidad es la aplicación de la razón para formar creencias basadas en hechos y evidencia, en lugar de conjeturas, opiniones, y sentimientos. Es decir, el pensador racional quiere saber cuál es en realidad la verdad y no solo lo que él o ella desearía que fuera verdad. La capacidad para la racionalidad es una característica de nuestro cerebro que evolucionó para formar patrones y hacer conexiones (aprendizaje) al servicio de la sobrevivencia y el florecimiento en el ambiente de nuestros ancestros evolutivos. La razón es una parte de nuestra constitución cognitiva, y una vez que se encuentra en su lugar, puede usarse para analizar problemas los cuales no evolucionó para resolver originalmente. Esta habilidad es relevante para la moralidad porque “si los miembros de las especies tienen el poder de razonar los unos con los otros, y suficientes oportunidades para ejercitar ese poder, tarde o temprano descubrirán los beneficios mutuos de la no violencia y otras formas de consideración recíproca, y los aplicarán más ampliamente. La habilidad para inferir el desplazamiento de los animales siguiendo el rastro de sus huellas para cazarlos, tiene ventajas obvias para la sobrevivencia, y hemos sido capaces de aplicar esas habilidades para la inferencia para muchas otras cosas, desde manejar un vehículo a la tienda hasta mandar cohetes a la luna.


El historiador de la ciencia Louis Liebenberg ha argumentado que nuestra habilidad para razonar científicamente es un subproducto de las habilidades fundamentales para rastrear animales que nuestros ancestros desarrollaron. Su analogía es reveladora: “mientras se recopila más información factual en el proceso de rastrear, las hipótesis deberán ser revisadas o sustituidas por otras mejores. Una reconstrucción hipotética del comportamiento del animal puede permitir a los rastreadores anticipar y predecir el movimiento de los animales. Estas predicciones proveen una continua puesta a prueba de las hipótesis.” Liebenberg distingue entre el rastreo sistemático (la recopilación sistemática de información de las huellas, hasta que provean una indicación detallada de lo que animal estaba haciendo, y hacia donde se dirigía) y el rastreo especulativo (la creación de una hipótesis funcional en base a una interpretación inicial de las huellas, el conocimiento sobre el comportamiento del animal, y el conocimiento sobre el terreno. Esto lleva a poner a prueba las hipótesis, y si no son confirmadas, se hacen nuevas reconstrucciones hipotéticas sobre la ubicación de animal). El rastreo especulativo también involucra otro proceso cognitivo llamado “la teoría de la mente”, o “leer la mente”. En el cual los rastreadores se ponen ellos mismos en el lugar del animal que persiguen y se imaginan que podría estar pensando para poder predecir sus acciones. Basado en evidencia antropológica y arqueológica Liebenberg estima que los humanos han cazado y usado el rastreo sistemático por lo menos desde hace dos millones de años, y el rastreo especulativo por lo menos desde hace cien mil años. Una vez que estas capacidades cognitivas aparecieron, la arquitectura neural se encontraba en su lugar para poder deducir, por ejemplo, que un león durmió en este lugar anoche, y una persona ahora podía substituir león con cualquier otro animal u objeto, y puede intercambiar aquí con allá, y la noche de ayer con mañana en la noche. Los elementos que conforman el sujeto y la cronología en el proceso de razonamiento son intercambiables. Así es como los cerebros que evolucionaron para un propósito pueden ser usados para otro propósito diferente, y esta capacidad cognitiva de sustituir e intercambiar elementos en un sistema representativo que abarca una combinación interminable de opciones ─desde presas hasta otras personas─ es lo que nos permite adoptar la perspectiva de otro agente moral, y es, por lo tanto, la arquitectura cognitiva subyacente al razonamiento moral.



Video en YouTube con una grabación de un discurso dado por MLK en 1967


Video en en el canal Skeptic en YouTube sobre el libro The Moral Arc



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