La revolución contra la irrelevancia
- Estupido Libre Albedrio

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En el siglo 20 la clase trabajadora se rebeló contra la explotación. Lucharon para que la riqueza se distribuyera de manera más justa, de tal forma que los frutos de su trabajo se tradujeran en una vida digna para sus familias. También lucharon para obtener representantes políticos que fueran un contrapeso real a la élite de los ultrarricos. En un futuro cercano, es muy probable que muchas personas sean reemplazadas en sus empleos por nuevas tecnologías de inteligencia artificial. Los magnates dueños de las tecnologías, ya no necesitarán a la mayor parte de la clase trabajadora para generar riqueza. En el siglo 21, tal vez sea necesaria otra revolución, pero según el historiador Yuval Harari, ahora no será en contra de la explotación, sino en contra de la irrelevancia. Esa es una batalla mucho más difícil de ganar. Dice Yuval en su libro 21 lecciones para el siglo 21: "Hay buenas razones para pensar que la Inteligencia Artificial cambiará las reglas del juego. Es crucial darse cuenta de que la revolución de la IA no se trata solo de que las computadoras serán más rápidas e inteligentes, sino que está siendo impulsada por avances en las ciencias que estudian a los seres vivos, incluyendo las ciencias sociales. Cuanto mejor comprendamos los mecanismos bioquímicos que sustentan las emociones, los deseos y las decisiones humanas, mejores serán las computadoras para analizar el comportamiento, predecir las decisiones y reemplazar a los choferes, banqueros y abogados en sus lugares de trabajo.” Puede ser que las personas más talentosas tengan capacidades cognitivas superiores, así como intuiciones finamente ajustadas para resolver problemas en su trabajo. Supongamos que esas cualidades no son más que habilidades altamente evolucionadas para detectar patrones; para procesar información de manera óptima y tomar las mejores decisiones en el momento. En ese caso, una máquina especializada con capacidad de cómputo prácticamente ilimitada, sin lugar a duda puede superar al humano fácilmente en cualquier trabajo específico. Continua Yuval: "Resulta que nuestras decisiones, desde los alimentos hasta nuestras parejas, no son el resultado de un misterioso libre albedrío, sino de miles de millones de neuronas que calculan probabilidades en una fracción de segundo. La prestigiosa intuición humana, es en realidad nada más que el reconocimiento de patrones. También resulta que los algoritmos bioquímicos del cerebro humano se basan en heurísticas, atajos y circuitos obsoletos adaptados a la sabana africana en lugar de a la jungla urbana. No es de extrañar entonces que incluso los humanos más talentosos a veces cometan errores estúpidos. Esto significa que la IA puede superar a los humanos incluso en tareas que supuestamente exigen intuición." Si los seres vivos solo somos máquinas sofisticadas creadas por pequeñas moléculas ancestrales que ahora llamamos genes, y que usan solo para reproducirse, entonces no hay nada en esencia que no pueda ser reemplazado y superado por otras máquinas más potentes y especializadas. Dice Richard Dawkins en su libro el gen egoísta: "Después de evolucionar por eones, estas moléculas reproductoras terminaron creando armaduras sofisticadas para habitar, protegerse, y competir. Ahora conocemos a estos pequeños replicadores como genes, y sus armaduras o máquinas sofisticadas modernas que habitan y utilizan, somos tú y yo, somos todos los seres vivos." Por otro lado, si existe el fantasma en la máquina, es decir que la armadura humana es en realidad operada por algún tipo de alma supernatural, entonces una máquina por sí sola nunca podrá llegar a suplantar al ser humano. Sin embargo, según la ciencia, no hay ninguna razón para creer que existe ningún fantasma. Y todas las evidencias apuntan a que los genes y el ambiente son los autores últimos de nuestra esencia. Debemos encarar el hecho de que, en un futuro muy cercano, aparecerá una máquina creada por el humano que será capaz de superarnos en todas las tareas. ¿Cuál será nuestra tarea entonces? Tal vez será el comienzo de una nueva era de prosperidad donde tendremos todo el tiempo para filosofar al respecto, porque no estaremos siempre ocupados buscando sobrevivir. Por supuesto que eso dependerá de la forma en que se distribuya la enorme riqueza que será creada. Esa repartición determinará si en efecto, será necesaria otra revolución, o no. Pero, en esa instancia, los humanos ya habremos sido reemplazados, y ¿cómo pudiera haber una nueva revolución de la clase trabajadora, sin clase trabajadora?
A continuación, comparto el tercer extracto del libro 21 lecciones para el siglo 21.
Por: Yuval Noah Harari.
Capítulo 2
Cuando crezcas, es posible que no tengas trabajo
Los temores de que la automatización cree un desempleo masivo se remontan al siglo XIX y, hasta ahora, nunca se han materializado. Desde el comienzo de la Revolución Industrial, por cada puesto de trabajo perdido por una máquina, se creó al menos un nuevo puesto de trabajo, y el nivel de vida medio ha aumentado drásticamente. Sin embargo, hay buenas razones para pensar que esta vez es diferente y que la Inteligencia Artificial cambiará las reglas del juego. Los humanos tienen dos tipos de habilidades: física y cognitiva. En el pasado, las máquinas competían con los humanos principalmente en habilidades físicas brutas, mientras que los humanos conservaban una inmensa ventaja sobre las máquinas en cognición. Por lo tanto, a medida que se automatizaron los trabajos manuales en la agricultura y la industria, surgieron nuevos trabajos que requerían el tipo de habilidades cognitivas que solo poseían los humanos: aprender, analizar, comunicarse y, sobre todo, comprender las emociones humanas. Sin embargo, la IA ahora está comenzando a superar a los humanos en más y más de estas habilidades, incluso en la comprensión de las emociones humanas. Es crucial darse cuenta de que la revolución de la IA no se trata solo de que las computadoras serán más rápidas e inteligentes, sino que está siendo impulsada por avances en las ciencias que estudian a los seres vivos, incluyendo las ciencias sociales. Cuanto mejor comprendamos los mecanismos bioquímicos que sustentan las emociones, los deseos y las decisiones humanas, mejores serán las computadoras para analizar el comportamiento, predecir las decisiones y reemplazar a los choferes, banqueros y abogados.
En las últimas décadas, la investigación en áreas de la neurociencia y del comportamiento humano permitió a los científicos el hackear humanos, y especialmente, el obtener una comprensión mucho mejor de cómo tomamos decisiones. Resulta que nuestras decisiones, desde los alimentos hasta nuestras parejas, no son el resultado de un misterioso libre albedrío, sino de miles de millones de neuronas que calculan probabilidades en una fracción de segundo. La prestigiosa intuición humana, es en realidad nada más que el reconocimiento de patrones. Los buenos choferes, banqueros y abogados, no tienen intuiciones mágicas; más bien, son buenos para reconocer patrones recurrentes, que les ayuda a detectar y evitar posibles problemas, y de esa manera optimizar su desempeño y eficiencia. También resulta que los algoritmos bioquímicos del cerebro humano están lejos de ser perfectos. Se basan en heurísticas, atajos y circuitos obsoletos adaptados a la sabana africana en lugar de a la jungla urbana. No es de extrañar entonces que incluso los humanos más talentosos a veces cometan errores estúpidos. Esto significa que la IA puede superar a los humanos incluso en tareas que supuestamente exigen intuición. Dicho todo lo anterior, si todavía crees que la IA necesita competir contra el alma humana en términos de corazonadas místicas, la tarea suena imposible. Pero si la IA realmente solo necesita competir contra las redes neuronales en el cálculo de probabilidades y el reconocimiento de patrones, eso suena mucho menos difícil. Mientras se pensaba que tales emociones y deseos eran generados por un espíritu inmaterial, parecía obvio que las computadoras nunca podrían reemplazar a los humanos. Porque, ¿cómo podría una computadora entender el espíritu humano creado divinamente? Sin embargo, si estas emociones y deseos no son más que algoritmos bioquímicos, no hay razón para que las computadoras no puedan descifrar estos algoritmos y hacerlo mucho mejor que cualquier Homo sapiens.
Lo que los científicos del cerebro están aprendiendo hoy sobre la amígdala y el cerebelo podría hacer posible que las computadoras superen a los psiquiatras humanos en el 2050. La IA no solo está preparada para hackear a los humanos y superarlos en lo que hasta ahora eran habilidades exclusivamente humanas, sino que también disfruta de habilidades no humanas únicas, que marcan la diferencia entre la IA y un trabajador humano. Dos habilidades no humanas particularmente importantes que posee la IA son la conectividad y la capacidad de actualización. Dado que los humanos son individuos, es difícil conectarlos entre sí y asegurarse de que todos estén actualizados. Por el contrario, las computadoras no son individuos y es fácil integrarlas en una sola red flexible. Lo que enfrentamos no es el reemplazo de millones de trabajadores humanos individuales por millones de robots y computadoras individuales; más bien, es probable que los humanos individuales sean reemplazados por una red integrada. Por lo tanto, al considerar la automatización, es incorrecto comparar las habilidades de un solo chofer humano con las de un solo automóvil autónomo, o de un solo médico humano con las de un solo médico IA. Más bien, deberíamos comparar las habilidades de una colección de individuos humanos con las habilidades de una red integrada. Estas ventajas potenciales de conectividad y actualización son tan enormes que, al menos en algunas líneas de trabajo, podría tener sentido reemplazar a todos los humanos con computadoras, incluso si individualmente algunos humanos todavía hacen un mejor trabajo que las máquinas. Se podría objetar que al cambiar de humanos individuales a una red de computadoras perderemos las ventajas de la individualidad. Sin embargo, un sistema informático integrado puede maximizar las ventajas de la conectividad sin perder los beneficios de la individualidad. Puede ejecutar muchos algoritmos alternativos en la misma red, por lo que un paciente en una aldea remota de la jungla puede acceder a través de su teléfono inteligente no solo a un solo médico autorizado, sino a cien médicos IA diferentes. Es probable que los beneficios para la sociedad humana sean inmensos. Los médicos podrían proporcionar una atención médica mucho mejor y más barata para miles de millones de personas, particularmente para aquellos que actualmente no reciben atención médica en absoluto. Gracias a los algoritmos de aprendizaje y los sensores biométricos, un aldeano pobre en un país subdesarrollado podría llegar a disfrutar de una atención médica mucho mejor a través de su teléfono inteligente que la que la persona más rica del mundo recibe hoy en día del hospital urbano más avanzado. Del mismo modo, los vehículos autónomos podrían proporcionar a las personas servicios de transporte mucho mejores y, en particular, reducir la mortalidad por accidentes de tráfico. Se espera que reemplazar a todos los conductores humanos por computadoras reduzca las muertes y lesiones en la carretera en aproximadamente un 90 por ciento. En otras palabras, es probable que el cambio a vehículos autónomos salve la vida de un millón de personas cada año. Por lo tanto, sería una locura bloquear o retrasar la automatización en campos como el transporte y la salud sólo para proteger los empleos humanos. Después de todo, lo que en última instancia debemos proteger son los humanos, no los empleos. Los choferes desplazados y los médicos simplemente tendrán que encontrar otra cosa que hacer. Al menos a corto plazo, es poco probable que la IA y la robótica eliminen por completo industrias enteras. Los trabajos que requieren especialización en una gama limitada de actividades rutinarias se automatizarán. Pero será mucho más difícil reemplazar a los humanos por máquinas en trabajos menos rutinarios que exigen el uso simultáneo de una amplia gama de habilidades e implican lidiar con escenarios imprevistos. Tomemos la atención médica, por ejemplo. Muchos médicos se centran casi exclusivamente en el procesamiento de la información: absorben datos médicos, los analizan y producen un diagnóstico. Las enfermeras, por el contrario, necesitan buenas habilidades motoras y emocionales para administrar una inyección dolorosa, reemplazar un vendaje o sujetar a un paciente violento. Por lo tanto, probablemente tendremos un médico de familia de IA en nuestro teléfono inteligente décadas antes de que tengamos un robot enfermero confiable. Es probable que la industria del cuidado humano, que cuida a los enfermos, los jóvenes y los ancianos, siga siendo un bastión humano durante mucho tiempo. De hecho, a medida que las personas vivan más tiempo y tengan menos hijos, el cuidado de los ancianos probablemente será uno de los sectores de más rápido crecimiento en el mercado laboral humano. Junto con el cuidado de la salud, la creatividad también plantea obstáculos particularmente difíciles para la automatización. Ya no necesitamos humanos para vendernos música, podemos descargarla directamente de la tienda iTunes, pero los compositores, músicos, cantantes y DJ siguen siendo de carne y hueso. Confiamos en su creatividad no solo para producir música completamente nueva, sino también para elegir entre una alucinante gama de posibilidades disponibles. Sin embargo, a largo plazo ningún trabajo permanecerá absolutamente a salvo de la automatización. Incluso los artistas deben ser notificados. En el mundo moderno, el arte generalmente se asocia con las emociones humanas. Tendemos a pensar que los artistas están canalizando fuerzas psicológicas internas, y que todo el propósito del arte es conectarnos con nuestras emociones o inspirar en nosotros algún sentimiento nuevo. En consecuencia, cuando llegamos a evaluar el arte, tendemos a juzgarlo por su impacto emocional en la audiencia. Sin embargo, si el arte se define por las emociones humanas, ¿qué podría suceder una vez que los algoritmos externos puedan comprender y manipular las emociones humanas mejor que Shakespeare, Frida Kahlo o Beyoncé? Después de todo, las emociones no son un fenómeno místico, son el resultado de un proceso bioquímico. Por lo tanto, en un futuro no muy lejano, un algoritmo de aprendizaje automático podría analizar los datos biométricos que fluyen desde los sensores en tu cuerpo, pudiera determinar tu tipo de personalidad y estados de ánimo cambiantes, y calcular el efecto emocional que una canción en particular, incluso una nota musical en particular, pueda producir en ti. De todas las formas de arte, la música es probablemente la más susceptible al análisis de Big Data, porque tanto las entradas como las salidas se prestan a una representación matemática precisa. Las entradas son los patrones matemáticos de las ondas sonoras y las salidas son los patrones electroquímicos de las tormentas neuronales. En unas pocas décadas, un algoritmo que repasa millones de experiencias musicales podría aprender a predecir cómo las entradas particulares dan como resultado salidas particulares. Mediante el uso de bases de datos biométricas masivas obtenidas de millones de personas, el algoritmo podría saber qué botones bioquímicos presionar para producir un éxito global. Si el arte se trata realmente de inspirar (o manipular) las emociones humanas, pocos músicos humanos, si es que hay alguno, podrán competir con tal algoritmo, porque no pueden igualarlo en la comprensión del instrumento principal que están tocando: el sistema bioquímico humano. ¿Todo esto resultará en gran arte? Eso depende de la definición de arte. Si la belleza está realmente en los oídos del oyente, y si el cliente siempre tiene la razón, entonces los algoritmos biométricos tienen la oportunidad de producir el mejor arte de la historia. Si el arte trata de algo más profundo que las emociones humanas y debe expresar una verdad más allá de nuestras vibraciones bioquímicas, los algoritmos biométricos podrían no ser muy buenos artistas. Pero tampoco la mayoría de los humanos.

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