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La tabla rasa Parte 2 ─La teoría oficial

Updated: Sep 1, 2022



Existen tres ideas que conforman la teoría oficial sobre la naturaleza humana: la tabla rasa, el salvaje noble y el fantasma en la máquina. Los filósofos les llaman respectivamente empirismo, romanticismo, y dualismo. La tabla rasa es la idea de que todos empezamos con una mente en blanco al nacer y con un potencial ilimitado idéntico. Qué tan lejos lleguemos en la vida depende casi exclusivamente de las diferencias en las circunstancias, las experiencias y nuestro ímpetu. Esta idea se atribuye al filósofo inglés John Locke quien la utilizó para argumentar en contra de la aristocracia y la esclavitud. El salvaje noble es la idea de que el ser humano en su estado natural, sin ninguna influencia corruptora externa, es noble, pacífico y desinteresado. La violencia, la avaricia y todas las injusticias sociales, son problemas que han resultado de las sociedades modernas, que distorsionan la naturaleza verdadera del hombre. Se atribuye a Jean-Jacques Rousseau quien la creó para oponerse a una imagen muy diferente descrita anteriormente por Thomas Hobbes. Hobbes dijo básicamente lo opuesto a Rousseau: si los humanos desean vivir en una sociedad pacífica y civilizada entonces es indispensable una figura autoritaria que gobierne y someta a los instintos primitivos y violentos que dominan su naturaleza. Por último, el fantasma en la máquina dice que los cuerpos humanos están en el espacio y están sujetos a las leyes mecánicas que gobiernan el espacio, pero las mentes no están en el espacio, ni están sus operaciones sujetas a estas leyes mecánicas. Esta idea se atribuye a Rene Descartes quien se reusaba a creer que los seres humanos somos máquinas glorificadas distintos a la maquinaria en un reloj solo en el nivel de complejidad. Estas tres ideas dominan hasta el día de hoy el concepto que tienen la mayoría de las personas sobre el significado del ser humano navegando la existencia. El problema es que mientras más avanzan las ciencias que estudian la fisiología del cerebro, los genes, el comportamiento y la naturaleza humana, es más evidente que estas ideas son solo mitos. Lo más probable es que el cerebro humano no es una página en blanco en los recién nacidos, sino que ya viene equipado con una especie de software evolutivo que nos permite desarrollar el lenguaje, y muchas otras cosas más. Ahora sabemos que casi todas las células en nuestro cuerpo tienen en su núcleo una enciclopedia genética con instrucciones para construir una réplica exacta de nosotros con todos los rasgos físicos y psicológicos. Un tipo de enciclopedia genética cuyas páginas han sido transmitidas a través de la evolución de generaciones por millones de años. Descartes pensaba que la mente era una unidad indivisible e intocable que existía en un plano independiente al mundo físico ─comparable a la idea del alma o espíritu. Pero ahora sabemos que cualquier accidente o enfermedad que dañe el cerebro pueden transformar a una persona desde una manera muy sutil hasta a un nivel irreconocible. ¿Quiere decir esto que Locke estaba equivocado sobre la aristocracia y la esclavitud? ¿Tenía razón Hobbes sobre la naturaleza caótica del ser humano? ¿Ha confirmado la ciencia el mayor temor de Descartes, que en realidad no somos nada más que solo maquinaria compleja? El avance en los campos pertinentes del estudio científico ha suscitado rechazo y ansiedad entre los conservadores porque tiene repercusiones devastadoras para las creencias religiosas, y también entre los liberales porque desacredita ideas de justicia social basadas en ideas equivocadas de una equidad biológica universal. La existencia y la naturaleza humana son mucho más complejas que todo eso.


A continuación, un extracto del libro The Blank Slate




Capítulo 1. La teoría oficial


─Extracto


La frase tabla rasa es una traducción informal del latín medieval tabula rasa, que significa literalmente “tableta raspada”. Es atribuida al filósofo John Locke (1632-1704), aunque él, de hecho, uso una metáfora diferente ─una página en blanco. Locke se oponía a las justificaciones dogmáticas para el estatus quo, tales como los derechos divinos de la iglesia y de los reyes. Argumentaba que los arreglos sociales deben ser razonados desde cero y establecidos bajo un acuerdo común de la sociedad, basándose en conocimientos que cualquier persona pudiera adquirir. La noción de la tabla rasa desacreditaba a la herencia de la realeza aristocrática porque sus miembros ya no podían reclamar ningún mérito innato, ya que sus mentes habrían empezado en blanco igual que todos los demás. También hacia lo mismo para los esclavos, ya que no había razón inherente para considerarlos inferiores. Durante el siglo pasado, la doctrina de la tabla rasa controló la agenda para la mayoría de las ciencias sociales y las humanidades. Como veremos, la psicología ha buscado explicar todo pensamiento, sentimiento, comportamiento, mediante algunos simples mecanismos de aprendizaje. Las ciencias sociales han buscado explicar todas las costumbres y arreglos sociales como un producto de la socialización de los niños por la cultura predominante. Una larga lista de conceptos que parecieran naturales para la forma de pensar de los humanos (las emociones, el parentesco, los sexos, las enfermedades, la naturaleza, el mundo) se consideran ahora como fabricaciones o inventos sociales. La tabla rasa también ha servido como escritura sagrada para creencias éticas y políticas. De acuerdo con la doctrina, cualquier diferencia que vemos entre las razas, grupos étnicos, sexos, e individuos, provienen no de diferencias innatas, sino de diferencias en sus experiencias. Cambias las experiencias ─reformando el sistema educativo, la crianza de los hijos, los medios de comunicación, y las recompensas sociales─ y puedes cambiar a las personas. El bajo rendimiento, la pobreza, y el comportamiento antisocial pueden ser mitigados; es irresponsable el no hacerlo.


El mito de la tabla rasa es acompañado por otras dos doctrinas, que también han alcanzado un estatus sagrado en la vida intelectual moderna. La primera es la del salvaje noble que es atribuida a Jean-Jacques Rousseau (1712-1778), aunque en realidad proviene del libro The Conquest of Granada por John Dryden en 1670. El concepto del salvaje noble fue producto de la inspiración de los colonizadores europeos cuando descubrieron a los indígenas en América, África, y después Oceanía. Captura la creencia de que los humanos en su estado natural son desinteresados, pacíficos, y sin problemas, y que las aflicciones como la avaricia, la ansiedad, y la violencia son el producto de la civilización. En 1755 Rousseau escribió:


“Muchos autores han concluido precipitadamente que el hombre es naturalmente cruel, y que requiere un sistema policiaco constante para ser regenerado; mientras que nada puede ser más gentil que él en su estado primitivo, cuando es colocado por la naturaleza a distancia de la estupidez de los brutos y del pernicioso buen juicio del hombre civilizado…”


Uno de los autores que Rousseau tenia en mente era Thomas Hobbes (1588-1679) quien presentó una imagen muy diferente:


“Por este medio manifiesto, que durante el tiempo que el hombre vivió sin una figura del poder común para mantener su admiración, se mantuvo en una condición de guerra; y tal guerra es de todos los hombres contra todos los demás… En esas condiciones no hay lugar para la industria, porque sus frutos son inciertos y consecuentemente tampoco para el cultivo de la tierra; ni la navegación; ni para el uso de las materias primas importadas por el mar; ni edificios cómodos; ni instrumentos para mover y remover las cosas que requieren fuerzas mayores; ni conocimientos sobre la tierra; ni registro del tiempo; de las artes; de las letras; ni sociedades; y lo peor de todo, un miedo permanente y riesgo de muerte violenta; y la vida del hombre, solitaria, pobre, desagradable, brutal y corta.”


Hobbes creía que las personas solo podían escapar esta existencia infernal al rendir su autonomía ante una autoridad soberana o asamblea. Él llamó a esta figura autoritaria Leviatán, palabra hebrea para referirse a un monstruo marino sometido por el dios Yahvé al principio de la creación. Las dos teorías tienen implicaciones para la vida privada. Suponiendo que todos los niños que nacen son unos pequeños salvajes, si son nobles, entonces la crianza consiste en proveerles oportunidades para desarrollar su potencial, y las personas malvadas son producto de una sociedad que los corrompe. Si los pequeños son naturalmente unos brutos malvados, entonces la crianza se desarrolla en una arena principalmente de disciplina y conflicto, y las personas malvadas solo muestran un lado oscuro que no fue suficientemente controlado. Hobbes y Rousseau capturaron imágenes contrastantes del estado natural del hombre que han inspirado a pensadores en los siglos desde aquel entonces. Nadie puede negar la influencia del mito del salvaje noble en la conciencia contemporánea. Lo vemos en el respeto en la actualidad por las cosas “naturales”, y en la desconfianza de las cosas fabricadas por el hombre, lo anticuado de los estilos autoritarios de crianza y educación, y el entendimiento de los problemas sociales como defectos que se pueden reparar en nuestras instituciones en lugar de tragedias inherentes a la condición humana.


La otra doctrina que acompaña a la tabla rasa es el mito del fantasma en la máquina, y es atribuida a Rene Descartes (1596-1650). Esta doctrina fue bautizada por Gilbert Ryle (1900-1976) quien se oponía a ella y la describió de la siguiente manera:


“Hay una doctrina sobre la naturaleza y el lugar de las mentes, la cual es tan prevalente entre los teóricos y aun entre las personas comunes y corrientes que se merece ser descrita como la teoría oficial… La doctrina oficial, la cual tiene su origen en Descartes, es la siguiente. Con la dudosa excepción de los idiotas y los infantes en brazos, cada ser humano tiene un cuerpo y una mente. Algunos prefieren decir que cada ser humano es ambos, un cuerpo y una mente. Su cuerpo y su mente están ordinariamente atados juntos, pero después de la muerte del cuerpo, su mente puede continuar existiendo y funcionando. Los cuerpos humanos están en el espacio y están sujetos a las leyes mecánicas gobiernan el espacio… Pero las mentes no están en el espacio, ni están sus operaciones sujetas a estas leyes mecánicas. Este es el delineamiento de la teoría oficial.”


El mito del fantasma en la máquina, como el salvaje noble, se originó en parte como reacción a las ideas de Hobbes. Hobbes argumentó que la vida y la mente pueden ser explicados en términos mecánicos. Descartes rechazó la idea de que la mente pudiera operar bajo principios físicos, pensó que el comportamiento, especialmente el lenguaje, no era causado por nada, sino elegido libremente. Él hizo la observación que nuestras conciencias, a diferencia de nuestros cuerpos y otros objetos físicos, no se sienten como algo que pueda ser divisible o que situarse en el espacio. Observó que no podemos dudar la existencia de nuestras mentes ─en efecto, no podemos dudar que somos nuestras mentes─ porque el acto mismo de pensar presupone que nuestras mentes existen. Pero sí podemos dudar la existencia de nuestros cuerpos, porque podemos imaginarnos a nosotros mismos como espíritus inmateriales que solamente sueñan o alucinan su corporeidad.


Por supuesto que puede ser molesto el pensar en nosotros mismos como máquinas glorificadas. Las máquinas son insensatas, construidas para ser usadas y desechadas; los humanos son seres conscientes, poseedores de dignidad y derechos, e infinitamente valiosos. Las máquinas tienen un propósito laboral, tales como moler granos y afilar lápices; un ser humano tiene propósitos más elevados, como el amor, la veneración, y la creación de conocimiento y la belleza. El comportamiento de las máquinas es determinado por las inescapables leyes de la física y la química; el comportamiento de las personas es elegido libremente. Con el poder de tomar decisiones viene también la responsabilidad, lo cual nos permite sostener a los demás como responsables de sus actos y juzgarlos de manera acorde. Y por supuesto, si la mente es independiente del cuerpo, puede continuar su existencia aun después de que el cuerpo descomponga.


Las doctrinas de la tabla rasa, el salvaje noble, y el fantasma en la máquina ─o como las llaman los filósofos: empirismo, romanticismo, y dualismo─ son independientes lógicamente, pero en la práctica comúnmente se encuentran juntas. Si la tabla está en blanco, entonces estrictamente hablando, no tiene ninguna instrucción para hacer bien ni mal. Pero el bien y el mal son asimétricos: hay muchas más maneras de dañar a las personas que de ayudarlas, y los actos dañinos pueden perjudicar en un mayor grado que los actos virtuosos pueden ayudar a alguien. Así que una tabla rasa puede impresionarnos más por su inhabilidad de hacer daño que por su habilidad de hacer el bien. Si algunas metáforas comunes que usamos cotidianamente son una pista, entonces todos nosotros, como Rousseau, asociamos la nada con la virtud y no con algo neutral. Piensen en la connotación moral de algunos adjetivos como limpio, justo, inmaculado, puro, sin ninguna mancha, sin estropear, y ahora en los sujetos mancha, marca, contaminación, defecto.


La tabla rasa coexiste naturalmente también con el fantasma en la máquina. Ya que una tabla que está vacía es un buen hospicio para un fantasma. Si un fantasma va a asumir el control, entonces la fábrica puede mandar la máquina con un mínimo de partes. El fantasma puede percibir las señales exteriores mediante el cuerpo y mover sus palancas para controlarlo, sin necesidad de ningún programa de control complejo, ni un sistema de navegación, o algún centro de procesamiento. Mientras menos maquinaria compleja controle el cuerpo, menor es la complejidad que es necesario suponer y explicar. Por las mismas razones, el fantasma en la máquina felizmente acompaña al salvaje noble. Si la máquina se comporta de manera innoble, podemos culpar al fantasma, el cual escogió libremente el ejecutar los actos inicuos; no es necesario buscar ningún defecto en la maquinaria ni en su diseño. Las ideas de los filósofos pueden tener repercusiones por siglos. La tabla rasa y sus doctrinas acompañantes han infiltrado la sabiduría convencional en nuestras civilizaciones y han surgido repetidamente en lugares inesperados. En los capítulos siguientes veremos cómo es que estas ideas se incrustaron en la consciencia moderna, y como descubrimientos recientes las están poniendo en duda.


Video en YouTube por el canal Letras y Mente explicando las tres ideas de la teoría oficial.


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