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La Entropía Parte 2 ─El universo no tiene nada contra nosotros, simplemente no le importamos

Updated: Jul 29, 2023



“La segunda ley de la termodinámica, o ley de la entropía, dice que el desorden en el universo se incrementa de manera natural e inevitable. Así que, desde un principio, no tenemos ningún derecho a esperar que el universo sea amable con nosotros. El universo no tiene nada contra nosotros, simplemente no le importamos. Esta es una manera diferente de pensar sobre el predicamento humano, es decir, tenemos que invertir esfuerzo, inteligencia y conocimiento, de manera constante para hacer que las cosas funcionen, y nuestra expectativa debe ser que las cosas se deteriorarán si no lo hacemos.” Esto es lo que dijo Steven Pinker en un video para el canal de YouTube Big Think. Cuando Pinker dice que esta es una manera diferente de pensar sobre el predicamento humano, se refiere a que es diferente al antropocentrismo religioso ¿Por qué en el siglo 21 ya no es razonable pensar que el hombre es el centro de la “creación”? En caso de que, a estas alturas, esto no sea ya algo dolorosamente obvio, cabe recordar que la Tierra (dejando a un lado al resto del universo por el momento) es un lugar sumamente hostil para la vida como la conocemos. La gran mayoría de las especies que han existido en el mundo se extinguieron debido a que el sobrevivir y reproducirse en cualquier ecosistema es algo muy difícil para los seres vivos. El físico cosmólogo Sean Carroll en su libro The Big Picture, nos comparte una perspectiva cosmológica cuando explica que el incremento en la entropía es necesario para que puedan surgir en el universo estructuras tan complejas como los seres vivos. Paradójicamente, este mismo incremento en la entropía es también la razón por la que todo lo que existe se disipará eventualmente en un vacío inerte e infinito. Pinker, por otro lado, ofrece una perspectiva terrenal: mientras el sol siga brillando, antes de que se apaguen todas las estrellas y las galaxias, podemos contemplarlas porque tenemos la suerte y el privilegio de estar vivos… y para mantenernos vivos… y tener la posibilidad de seguir contemplando, debemos ser capaces de proveer sustento para nosotros y para nuestros seres queridos. Luego entonces, si deseamos una vida larga, libre y civilizada, debemos cuidar la salud, la educación, ser ciudadanos honestos y activos. Es decir, si deseamos sobrevivir y prosperar debemos desarrollar constantemente nuestras habilidades físicas y mentales para alcanzar nuestras metas. Si no hacemos nada de eso, no solo no obtendremos lo que deseamos, sino que nuestros objetivos se alejarán cada vez más, y nuestra situación se deteriorará conforme pasa el tiempo. Podemos intuir la ley de la entropía porque sabemos que: nuestra salud se deteriora sin necesidad de hacer nada más que quedarnos sentados en el sillón todo el día; nuestra casa se cae a pedazos cuando procrastinamos con las reparaciones; las relaciones se arruinan fácilmente con la indiferencia, y las sociedades con ciudadanos apáticos e irresponsables. Lo difícil es invocar la energía necesaria para ejercitarse, para cocinar algo saludable, para podar el césped, para ponerse en el lugar de los demás, para educarse y ejercer el voto inteligentemente. En otras palabras, combatir a la entropía es algo que conocemos íntimamente, estamos familiarizados con ella, aunque no la reconozcamos por ese nombre. Dado todo lo anterior, es razonable pensar que, en efecto, nada en la naturaleza fue diseñado especialmente para nuestro confort y conveniencia. Por lo tanto, los humanos no podemos ser el centro del universo. Consideremos lo siguiente, una persona sin un traje espacial adecuado no puede sobrevivir más de quince segundos fuera de la atmósfera del planeta. Y dentro de la atmósfera protectora del planeta, por lo menos una vez hace aproximadamente setenta mil años la población total de humanos disminuyó al borde de la extinción debido a la erupción de un supervolcán. No hablemos ya del calentamiento global, de las pandemias, o de la vulnerabilidad del principio de la disuasión nuclear y la cantidad de veces que algún líder mesiánico ha tenido el dedo en el botón. La única manera en que los humanos hemos sobrevivido es gracias a la suerte, y a la evolución de una habilidad innata para encontrar patrones en la naturaleza, estudiar esos patrones y sus correlaciones, y después usar ese conocimiento para diseñar herramientas y métodos que mejoren nuestras probabilidades de sobrevivir.


A continuación, les comparto la transcripción del video de Steven Pinker en el canal de YouTube Big Think titulado ¿La naturaleza humana es perversa? ¿o la culpa es de la naturaleza violenta?



Por: Steven Pinker


Muchas personas creen que la sociedad debería funcionar armoniosamente distribuyendo abundancia de manera uniforme, y cualquier desviación de este ideal es un atropello que requiere el identificar y castigar a los culpables. Cuando empecé a escribir mi libro “Enlightenment Now”, quise orientar al lector hacia una forma de pensar diferente sobre la condición humana. Debido a la situación en la que nos encontramos los seres humanos en el universo, lo más sensato es esperar que nada funcione a nuestro favor. La segunda ley de la termodinámica, o la ley de la entropía, es considerada por muchos científicos como uno de los descubrimientos más fundamentales. Esta ley dice que en un sistema cerrado ─uno que no recibe entradas de información ni de energía─ el desorden se incrementa de manera natural y la habilidad de realizar trabajo útil disminuye. Esto es debido simplemente a que existen muchísimas más formas de que las cosas salgan mal, que formas de que salgan bien. Así que, desde un principio, no tenemos ningún derecho a esperar que el universo sea amable con nosotros. Ciertamente, el universo no tiene nada contra nosotros, simplemente no le importamos. Lo más probable es que las cosas saldrán mal a menos que apliquemos suficiente energía e información para crear zonas de orden localizado, y de esta manera mantenernos vivos, sanos, y felices. Esta es una manera diferente de pensar sobre el predicamento humano, es decir, tenemos que invertir esfuerzo, inteligencia y conocimiento, de manera constante para hacer que las cosas funcionen, y nuestra expectativa automática debe ser que las cosas se deteriorarán si no lo hacemos. Avances importantes en la habilidad de la especie humana para capturar calorías de los alimentos sucedieron en La Era Axial ─el período que abarca 800 años a.e.c.─ el cual también vio el surgimiento simultáneo de varias filosofías moralistas en diferentes partes del mundo: la era de la filosofía clásica griega, la era de los profetas hebreos, de Confucio, Buda. Este fue un tipo de coincidencia inusual de movimientos contemporáneos en todo el mundo que buscaban desarrollar un sistema universal para el florecimiento humano, cuando antes los humanos solo se dedicaban a propiciar dioses, hacer sacrificios, rezar por la victoria en el campo de batalla, o por un buen clima. ¿Qué pudo causar este acontecimiento aparentemente global y simultáneo? De acuerdo con una hipótesis propuesta por académicos como Ian Morris, Pascal Boyer, y Nicolette Molnar, los avances en la agricultura y las abundantes calorías cosechadas en los alimentos permitieron el desarrollo de una casta sacerdotal que se separaría de los demás que todavía debían trabajar duro para sobrevivir. Y una vez que las mentes de más personas tuvieron la oportunidad de pensar en otras cosas además de cómo poner un techo y comida sobre la mesa todos los días, entonces se pudieron dar el lujo cognitivo de la intelectualidad para pensar sobre preguntas más profundas como ¿De qué se trata todo esto? ¿Por qué estamos aquí? ¿Cuáles deben ser nuestras metas? De acuerdo con esta teoría, lo que facilitó que muchas civilizaciones dieran el salto moral hacia un horizonte mucho más progresivo pudo haber sido algo tan mundano como la aparición de la agricultura, y no mundano a la vez, ya que la segunda ley de la termodinámica gobierna nuestros destinos a menos que seamos capaces de aplicar la cantidad suficiente de energía para atenuar a la entropía y contrarrestar la tendencia natural e inevitable hacia el desorden cósmico.




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